LA POLI

Sabes, una vez conocí a una poli. Era medio árabe, decía llamarse Cristina, pero yo no me creo nada, yo creo que se llamaba Sara; tampoco me creo que fuera poli. El caso es que Sara estaba bastante buena, y sí, estoy seguro, o casi, de que era árabe. Sus rasgos la delataban: esa piel morena y esa cara exótica, con ese cuerpo firme y esas caderas… Podría hacer que un hombre se volviera loco y acabara con el culo en una celda: un hombre cualquiera, yo ya estaba loco.

El caso es que nos dimos los teléfonos y al día siguiente Sara me pidió fotos de mi rabo. No sabía para qué las quería, quizá las coleccionase.

Ella decía que era porque alguna vez la cosa había ido muy bien con un chico y al llegar el momento de acostarse se había llevado un disgusto, parecía que tenía algún tipo de trauma causado por alguno de aquellos micropenes.

Pobre Sara, ni siquiera sabía si había tenido algún orgasmo en su vida y ya le estaba escribiendo un relato. Pero se lo merece, nunca antes había conocido a una poli así, y mira que me han puesto las esposas alguna vez; aunque no de la manera que me hubiese gustado que me las pusiera Sara.

Adiós Sara.

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