AUTOPSICOLOGÍA

El sufrimiento se convirtió en pasajero; cuando lo saludas no quiere entrar en casa a merendar. La comprensión se hacía más notoria con el paso del tiempo: ¿el tiempo? Se sentía extraño cuando hablaba del tiempo. El aire silbaba seguro con voz de mujer, las nubes danzaban para él envueltas en éter y los animales sonreían a su paso. Los pájaros batían sus alas con fuerza y el sonido de su vuelo penetraba en su mente.

Su mente… él no era su mente, lo estaba empezando a comprender. El ruido del aleteo de los pájaros era medicina para sus neuronas, el olor a campo y flores que entraba por su pituitaria también despertaba del profundo letargo a sus conexiones neuronales. Volvió a sonreír, se estaba curando.

¿Qué es un problema? Es absurdo, la mente crea el problema, se retuerce y se sumerge en él, ¿por qué? No tiene sentido. Los problemas no existen, por eso vistos desde fuera nunca son problemas, sino cosas que pasan. Al parecer era posible y más saludable ser uno mismo su propio psicólogo.

Sentía su cuerpo, su corazón bombeando y repartiendo sangre a las venas, su estómago expandiéndose y contrayéndose y sus pies y manos cosquilleando: allí dentro había vida, la vida eterna. Creación terrenal de dioses celestiales, ingeniería divina de lo extraordinario, perfección real en un mundo imaginario, vulnerabilidad imaginaria en un mundo real. Carne y hueso cubriendo la vida, protegiendo y encubriendo al ser, guardián y verdugo de la fuente mágica, un arma de doble filo para los mortales. Cuervos y leones en la entrada, espantapájaros de lo nocturno, lo cotidiano es antimagia.

Quemadores de brujas en las hogueras de la Edad Media, lo común cansa, y se cansaron de cortar manos los comunes a los chamanes en las Indias, y en las Américas. El caballero inglés, guardián de la muerte, se lleva la carne consigo; pero jamás atisbará la eternidad en vida.

Muchos valientes caballeros no se atrevieron en muerte y muchos maestros se empeñaron en persuadir, persuadiéndose ellos del último fin. Era también posible y más recomendable ser uno mismo su propio profesor: el cosmos te da información, fuego fatuo de la verdad, sentimiento de amor y la confirmación de todas las verdades. Hay más verdad en un árbol que en todos los libros de historia juntos, los mismos caballeros ingleses los escribieron.

Plumas de oro, tinta de color rojo escarlata, pulso tembloroso del engaño ruin, ocultismo del inframundo de los seres sin corazón… aunque algunos tuvieran ocho. Vestimentas de seda y lino, olor a limpio de la dulce muerte. Andares soberbios y cuervos de dos metros. Leones negros, feroces, los más temidos de Sión, los más temibles guardianes del alma.

Comedores de palomas y de gatos y de perros que pasean con sus dueños, collares de perlas de mascotas de mujeres ricas cuelgan de sus fauces. Nadie entra a por pan a la casa del guardián o los cuervos picarán sus ojos. Puertas blindadas pagadas por el pueblo, madera de roble de árbol milenario talado expresamente, un cacho de pulmón menos en el bosque, un nido menos que tiene el petirrojo para poner sus huevos, un canto menos cada mañana en la zona de las ardillas.

El viento sopla más fuerte, equilibrio natural. Espantapájaros de carne y hueso infiltrados en sociedad, inquilinos de lo ajeno, hurgadores del alma y saqueadores de tesoros ancestrales, defensores de los reyes y los duques y los condes. Amantes de la hipocresía y la doble moral, asesinos de la justicia, recolectores de papel ficticio con caras de impostores impresas. Manos manchadas, dientes blancos y camisas perfumadas. La tierra tiembla y se revela, los mares lloran y los volcanes rugen.

El caballero inglés juega con la meteorología, nosotros jugamos con el tiempo, le quitamos la camisa y bailamos con él cogidos de la cintura, se dobla y se funde para nosotros y se quita la ropa; cuando se desnuda deja de existir. También deja de existir el clima, puedes cambiarlo, elegirlo a tu antojo, de manera limpia, limpio aire fresco cargado de energía: donde no hay nada, cabe todo.

Tratamiento de autocuración sin pasar por consulta, la medicina crece en la tierra, o en los árboles. Éter movido por el viento, oculto de los ojos de los hombres; el contoneo de los protones mostrando la suave danza del fluir a los ojos de los gatos, los hombres no pueden verlo, los gatos no quieren verlo. Los gatos no quieren nada, los hombres lo quieren todo.

Escalas de depredadores, lobos disfrazados de ejecutivo, de abogado, de policía. El que captura al ladrón delinque más que él, la placa de la justicia, la placa del poder, cuanto más grande es el rango más impunidad obtiene.

Justicia, la novia del rico, amante sucia e interesada, el amor al pobre no existe para ti. No eres muy justa, justicia, en la taza de tu aseo está la prueba, y en el bolsillo del juez.

Monumentos con el alma de los obreros rondando, varias muertes y lisiados para venerar estatuas que siguen causando daño. Alejamiento de la verdad, bifurcadores de almas que guardan bajo llave las bolas de dragón, trileros de lo prohibido y artistas del estraperlo. No vayas al templo buscando respuestas, ve buscando el perdón.

Temeroso sube el lince la colina cuando el hombre acecha, y cuando no también. El ruido del disparo queda en la conciencia del tejido del silencio-espacio. La quietud atemporal hace recordar al lince que debe marcharse, y al hombre que debe sufrir, y debe quejarse, y llegar a tiempo, y no ser feliz. Te lo recordarán si te olvidas, lenguaje subliminal de los infiernos, alimento para la mente, sucedáneo de medicina opresora del ingenio.
Quemadores de cuadros y de sagradas escrituras, Alejandría ardió por un descuido. Guardianes de la vacuna contra el cáncer, cirujanos que trabajan de noche en lujosas mansiones, enfermeras con ellos de medidas perfectas, la carne trémula de la inocencia.

Arrancabrazos de esculturas y fetiches de mercenarios, las listas de desaparecidos aumentan en los países de gente guapa. ¿Quién elige sino el rico?, ¿quién elige lo que estudias?, ¿quién abrió la primera biblioteca después de Alejandría? Estudiosos de la verdad y de la mentira, ganchos, víctimas y estafadores, compradores de editoriales y de cadenas de televisión, cazadores de sueños de narices puntiagudas.

Actores de la vida real, maestros del espionaje y ladrones de infancias, centros de condicionamiento mental al aire libre. Parques, columpios y zonas verdes, sin zonas rojas ni amarillas. Estímulos dirigidos hacia un camino, una flecha apuntando hacia el cementerio: naciste para morir, puede leerse en un letrero pintado a mano, letra firme y segura, como la idea de tu muerte.

Mangostas carroñeras rondan el campo junto al cementerio, buitres volando en círculos esperando a los más débiles, algunos hombres mueren antes de morir. La contaminación de la psique es peligrosa. Medicamentos captores de la conciencia, sucio polvo blanco metido en cajas de cartón por gente pulcra con mascarillas. Estelas de bromuro en el resplandeciente cielo, mercurio y plutonio mezclado con éter. Al éter no le afecta, al gato no le afecta, a nosotros no debería afectarnos.

El cielo dibuja formas en rebeldía, la burla universal de la vida eterna, sonrisa felina en un cielo de ángeles de mil colores, ¿qué le importa al cielo?, ¿qué le importa al gato? Efecto de acción-reacción, efecto-causa. Si acabara el mundo mañana la tierra seguiría viva, seguiría latiendo, regeneraría. Siempre habría un bicho vivo, una flor, un ave, un hongo. No debes sentirte más especial ni más importante que un hongo; cortadores de manos te consideran menos importante que un hongo. Dictadores de leyes y emperatrices caprichosas, linajes de vástagos vampíricos obsesionados con la cirugía, destripavírgenes con inmunidad diplomática y curas descendientes de la santa inquisición juegan juntos al póker en salones oscuros.

El rey de diamantes mira desde su trono de oro cómo muere de hambre el pueblo. Dirigentes de partidos políticos puestos a dedo y jurabanderas nominados al Nobel de la paz, repartecaramelos a sueldo en las puertas de colegios y buscadores de oro de Papúa Nueva Guinea comparten el mismo jefe. Casi siempre el jefe de uno es el mismo que el del otro, casi nunca lo sabemos.

Buscadores de la verdad se pierden por el camino, distracciones y obstáculos los detienen, el camino es divertido, siempre confías en que el tiempo te salve. Relojes de arena atascados que han dejado de correr, de vez en cuando cae un granito, hace un ruido inapreciable al oído humano y deja un silencio tras de sí; el gato gira la cabeza. Manecillas de reloj paradas con cristales rotos y relojes con el cuco metido en su guarida, la puerta se ha atascado. Algunos cucos están fuera y no quieren meterse en casa, afuera hay luz. Otros cucos tienen la puerta abierta y prefieren quedarse en casa, dentro también hay luz.

Escaparates vacíos, pizarras en blanco y tizas de colores entre las nubes. El sonido de una cascada por donde bajan notas musicales y el canto fluorescente de los mirlos, aura de colores que surca los cielos. Aquí no hay cuervos, y a los leones los echaron los gatos. Si no te gustan las pizarras puedes pintar el aire. Hadas tocando el arpa con sus alas desnudas, pentagramas que vuelan hacia ángeles querubines rodeados de inocencia, la fiesta de lo puro, naturalidad prohibida por el hombre civilizado.

Flores y plantas creciendo y decreciendo, flores que nacen y mueren, flores convertidas en polvo y en esporas, por el aire y por los suelos. Todo vuelve al mismo sitio, todo sale del mismo sitio. Blanco roto de mis huesos tiñe la tierra de impuro, horizonte por pintar bajo este velo traslúcido. Relampagueante fulgor del tejido que une a las estrellas, parpadeos en los cielos del teatro de la vida, los cielos bailando para el hombre, el hombre bailando con los cielos.

Ejércitos de hombres con taparrabos y pinturas en la cara suben a los árboles a por el fruto divino, lo regalan a sus hermanos débiles que no pueden subir, niños y mujeres comen primero. Animales pasean tranquilos rondando el poblado, les atrae el fuego. El humo forma figuras y los cantos sanan la tierra, otros seres y otras realidades bajan al poblado los días de lluvia. Los ancestros se unen a la fiesta, beben mezcal y cuentan historias a sus bisnietos, el cetro no es de poder, sino de sabiduría.

Estelas de arcoíris cruzan las nubes en diagonal, reflejos ópticos de magia, apreciación del color en estado puro, visión felina, visión nocturna, visión sincera. Los papeles se apilan en grandes montañas y se convierten en árboles y el silencio se amontona en límpidas burbujas, cualquiera puede meterse. No existen las puertas, la última la cruzaste, pero no sabes cuándo. El reloj marca las tres en punto, la manecilla está parada, el cristal roto. Hace mucho tiempo que no sabes qué hora es.

Abre los ojos, chico: te has curado.

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