GAMBAS Y PULPOS

Gambas, queso, pulpo, vieiras, almejas, mejillones rellenos… más de lo que cualquier hombre pueda comer, y cualquier mujer.

Tres personas a la mesa y cincuenta gambas decapitadas.

Un pulpo entero con las ocho extremidades amputadas y servidas en cachos pequeños.

Me da la sensación de que un tentáculo todavía se mueve.

¿O se mueve de verdad?

Almejas abiertas precozmente por un fuego artificial y vieiras que todavía son bebés de vieira; alguien se ha precipitado al pescarlas.

Queso procedente de las ubres sobreexprimidas de una vaca que vive en una jaula de un metro por un metro.

Tres personas, cincuenta cabezas de gambas, otras veinte a la basura, medio pulpo a la basura y ninguna almeja.

En otras partes del mundo otros trescientos setenta mil pulpos y otros cuarenta y seis millones de gambas acaban también en la basura.

Y en algún lugar hay un vagabundo durmiendo al lado de un cubo de basura lleno de cabezas de gamba; de vez en cuando coge alguna y la chupa.

La gente baja al cubo y echa más gambas en él, y nadie baja nada para el vagabundo.

 Nadie piensa en los vagabundos, ni en las gambas.

¿Y qué pasa con los pulpos?

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