TREINTA AÑOS SIN AMAR

Treinta años eran muchos años, no para un volcán, ni para un eucalipto, pero si para el caso. Aquel hombre perdido y solitario llevaba treinta años vagando por el mundo sin poder sentir, sin amar la vida, sin amarse él mismo. El día de su nacimiento amó la vida unos instantes, cuando su cerebro segregó dietiltriptamina y sintió en sus carnes la felicidad. Luego se cortó la cuerda que le ataba a la vida y el mundo lo corrompió y lo dejó ciego, jamás volvió a ser feliz. Volvió a sentir la vida en varias ocasiones en que la muerte bajó a visitarle. Estuvo cerca, lo impregnó de su aroma y el tiempo se detuvo, eso también era vida. Sabía que volvería a sentirla el día de su muerte y que lo inundaría la paz, como en el útero materno, pero sabía también que hasta entonces se estaba perdiendo algo. Hay algo oculto en algún lugar, te lo dice lo viento.

El sonido de las hojas de los árboles al caer, el ruido de las olas del mar al romper, el canto de los grillos por la noche, el canto de los pájaros por el día, el canto de los gallos al amanecer, el canto de las ballenas, el canto de las rocas: el Ser estaba en todas partes. La maravilla de la creación, de la vida y de la muerte, simbiosis perfecta en el juego ilusorio de la dualidad. ¿Vida o muerte?, ¿blanco o negro? Todo es gris. Orugas implantadas en el cerebro de los hombres crecen y se hacen mariposa, revolotean incesantes y se apoderan de ellos. Cuando la muerte te vino a ver, ¿tuviste tiempo de tener miedo?

Dieta alimenticia a base de mentira y engaño. Cuando al cuerpo le dan verdad la vomita, el organismo no está preparado. Locura y confusión dentro del plano físico, psicofobia generalizada. La muerte no viene a verte y te aborda el miedo. ¿Dónde estás? Querida mía, ¿por qué has soltado mi mano? Ser perdido lejos de la fuente, se rompió la placenta y quedaste desnudo, huérfano, abandonado a tu suerte. El cordón umbilical te ataba a la vida y te lo cortaron. Nadie te ha dicho quién eres ni de dónde vienes, ¿cómo vas a saber a dónde ir?

Te han intoxicado, envenenado, manipulado, distorsionado, violado la mente. No te sientas culpable, chico, no es tu culpa. Al salir de la placenta te metieron preso, solo gozaste de unos segundos de libertad, lo que duró la segregación de dietiltriptamina. Ahora te han reprogramado, reprogramado para sufrir: born to be sick. Ahógate en tus propias lágrimas, jamás encontrarás la salida. Una capa y otra más, pelador de cebollas: tus ojos lloran y tus piernas tiemblan. El cuchillo es de doble filo, cuidado, no te cortes. Demasiado sensible para soportar el mundo, demasiado sensible para fingir que vives: tú necesitas vivir.

Tranquilo, hay una salida en algún lugar, sabes dónde está, pero no estás preparado, por eso no puedes verla. Esto ya ocurrió antes, ¿recuerdas? Las prisas solo son buenas para los ladrones y los malos toreros. Vístete de luces para el resto de la eternidad, novillero experto. Levanta el polvo a tu paso por la arena y no mires atrás. Muere en el ruedo, tiñe la arena de rojo. El público aplaudirá tu muerte, pañuelos blancos ondearán en las gradas. El toro saldrá a hombros, te cortarán las dos orejas y el rabo. Más sangre en la arena, más aplaude el público, más libre te sientes, más vivo estás: han cogido tu mano de nuevo.

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